La Ciudad


He viajado mucho por ésta ciudad, mi ciudad, nuestra ciudad. He tenido mucho tiempo para conocerle de un extremo a otro, y me jacto de conocerle tanto física como socialmente. Comprendo los aciertos y errores cometidos en ella; injusticias y rarezas veo por todos lados.

Qué contrastes existen, y muchas veces me siento desasosegado por la situación en que veo día con día a sus habitantes. Sumidos, la mayoría, en la mediocridad y aburrimiento proporcionado por sus empleos, rematado por la baja calidad en sus medios de comunicación, alimentándoles con ideas de riqueza, la cuál nunca podrán obtener, cerrando sus mentes a nuevas aspiraciones.

Calles tan distintas unas de otras en la misma colonia: residencias al lado de pequeñas casuchas, construcciones que acaparan el espacio en medio de un basural. Qué forma de vida hay aquí. Contrastes que le embellecen o la envilecen, pero nunca pierde ese amor que le tengo.

¡Y viajar en el metro! ¡Qué cosas tan absurdas se ven! La hora pico es desoladora. Un montón de personas que se evaden, escuchando música, leyendo, platicando; a veces, inhalando solvente. Por aquí vemos a la mujer más bella que se pueda apreciar en nuestra vida, ataviada con traje como de secretaria, o de deportista, rubia, morena… quizá extranjera; una puerta más allá, un indigente maloliente. De pronto, una anciana o una embarazada o un hombre con su pequeño hijo en brazos buscando un asiento con la vista mientras, generalmente un hombre está haciéndose el dormido para no ceder el lugar o, simplemente, de la vista gorda.

Qué vistosa y agradable es nuestra ciudad en los días claros y limpios ajenos a la sempiterna contaminación. Tan sólo mirar para arriba me causa una sensación tan rara y quizá enternecedora. Buenos días para fotografiar todo detalle por mínimo que sea. En primavera es bien bonito mirar la ciudad con todas ésas jacarandas; en verano con nubes poblando el cielo, oscureciendo el lugar y humedeciendo las calles con su característico aroma; Otoño y las hojarascas que se forman en los lugares arrebolados; día de muertos con el gracioso olor de la guayaba, el chocolate, la canela y la flor de cempazúchitl en los tianguis; y por fin, el Invierno con sus fuertes vientos y la gente tapada hasta la cabeza para no padecerlo.

¿Y qué será de este lugar a través de los ojos de un niño ?

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